Dos bares españoles: Patxarán y De la Hostia.
Acabo de ver en TVE que 12 mil bares han cerrado en España por la crisis. Si estás en Santiago de Chile a continuación algunas recomendaciones para disfrutar los sabores de España ahorrándote el avión y los malos ratos por los que se han hecho famosos sus oficiales de inmigración.
Tapas por montón en De la Ostia. Barcelona Style
El De la Ostia es un bar de tapas absolutamente recomendable. Sobre sus mesas manteles de papel muestran la bella variedad de tapas, pinchos y otras maravillas culinarias en las que se conjugan el jamón serrano, la morcilla, huevos de codorniz, y otras delicias. Los precios de las tapas están entre los mil y dos mil pesos. Las endivias con salsa de queso azul y todas la tapas con morcilla (prieta) fueron mis favoritas.
Tomamos una jarrita de sangría que creo recordar costaba algo así como $6000: vino tinto (merlot de preferencia), algún jugo de fruta, cubitos de manzana verde, canela, granos de café, hielo, azúcar y algún otro ingrediente misterioso. Refrescante, conveniente y rendidora. Sin mucho poder embriagador, su objetivo parece más dirigido a aplacar el calor.
Tienen también un wine dispenser muy pero muy bien provisto así que el vino por copas presenta posibilidades que no se encuentran en cualquier bar.
De la ostia queda en Orrego Luco 065, es decir, de providencia hacia el norte, no en el Orrego Luco que está sobrepoblado de baruchos demasiado mimetizados entre sí. Los días de oficina en horario de happy hour se llena que da gusto, así que es posible que no encuentre mesa ni puesto en la barra.
Anque no logre sentarse no olvide echar una mirada a las camisetas autografiadas del Barcelona y a los peces payaso (sí, Nemos) en el acuario junto a la entrada.
Y en representación del País Vasco: Patxarán
Ligeramente alejado del epicentro de bares de calle Manuel Montt (Manuel Montt 928, casi llegando a Alferez Real, frente a la iglesia) está este bar que con neon azul anuncia su presencia hacia la calle. Unas pocas mesitas en la vereda, atendido por su propio dueño y con una amplia oferta culinaria a precios de ofertón (aunque nada que huela a península ibérica). Lo más destacable son sus tragos propios.
El Agua de Valencia viene en una jarrita de greda que contiene casi un litro de: champaña, jugo de naranja, un toque de vodka y hielo. Refrescante como un fin de semana en la playa, como una ballena que se pega un guatazo frente a uno y lo salpica todo, como abrazo de pingüino de Humbolt, impactante.
Su poder etílico es difícil de predecir en los primeros vasos (en rigor copas de margarita), pero cuando la jarrita comienza a vaciarse el diagnóstico es uno solo: “Pilladora la cuestión”. Éramos dos tratando de dar cuenta de la jarra y salimos bien curados por 6 mil pesos.
El
Patxarán es como llaman a la endrina los vascos. La endrina (Prunus spinosa) es un fruto familiar de la ciruelas, tan duro que no se come y tan noble que con él se hace una suerte de enguindado que resulta en un licor rojizo del mismo nombre. La maceración que da origen al patxarán, además del aguardiente y el fruto, contiene anís (la especia, no el licor), y granos de café.
Tiene un sabor que recuerda a los berries, cerca de 30º y una justa nota anisada. Cuando uno ha
probado tanto trago en la vida encontrarse con algo nuevo es siempre una agradable sorpresa. Recomiendo tomarlo con hielo como bajativo ($3200). o en los cocteles que ofrece el bar.
Uno de los que probamos es el Burbujas de Navarra, preparación que incluye patxarán, champaña brut y jugo de naranja. Se sirve en vasos enormes como de milkshake y si mal no recuerdo cuesta $3400. La mezcla tiene sabor como a bebida de niños, embriaga lo justo, refresca un kilo.
Dos alternativas para que no falte excusa para ir de marcha.
Damas y caballeros, una vez más: ¡Salud!